Desde el punto de vista de las aplicaciones, los HTSC rompieron la barrera de tener que utilizar He líquido (4 ºK) para refrigerarlos, ya que por las temperaturas críticas elevadas que poseen puede utilizarse nitrógeno líquido (77 ºK) para hacer que alcancen el estado superconductor. Esto abarata los costos de refrigeración en por lo menos un factor 10, y todavía más los costos de las instalaciones que implican el almacenamiento y la transferencia del He líquido. Sin embargo, la performance de los HTSC a 77 ºK es baja frente a la que logran tener a 4 ºK, donde superan ampliamente a los superconductores tradicionales. En definitiva, a pesar de que los HTSC alcanzan el estado superconductor a “altas temperaturas”, son realmente útiles a bajas temperaturas, donde la energía térmica juega un rol menor.
Las aplicaciones más típicas de estos materiales corresponden a su uso en solenoides para la generación de altos campos magnéticos. Un solenoide superconductor puede mantener indefinidamente un campo magnético intenso con el único cuidado de alojarlo en el interior de un termo con He líquido, ya que una vez que se lo alimentó con la corriente necesaria, esta no decae aunque se desconecte la fuente, ya que el estado de resistencia nula no la disipa. También tienen la gran ventaja, frente a electroimanes realizados con alambre de Cu, de no requerir grandes instalaciones de refrigeración. Fuera de su uso en laboratorios de investigación y como lentes focalizadoras en aceleradores de partículas, estos solenoides superconductores se emplean comúnmente en equipos de resonancia magnética nuclear. Otro uso más experimental de los solenoides superconductores es el de almacenamiento de energía, motores eléctricos de más alta eficiencia, trenes levitados y la magnetoencefalografía, capaz de detectar los campos magnéticos que se generan en el cerebro gracias a la disposición espacial de varios sensores SQUID.
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