Química

Una visión retrospectiva

Hacia 1948, el físico teórico John Bardeen –dos veces premio Nobel–, junto a otros científicos, descubrió el efecto que posibilitó el transistor. El transistor fue fundamental en el desarrollo de la electrónica y mejoró la vida humana de muchos modos, entre ellos por progresos en la medicina.

Japón vio de inmediato su proyección y los Bell Laboratories adquirieron la patente, lanzándose a su desarrollo tecnológico. La Sony fue, probablemente, la primera empresa que puso en el mercado una radio hecha con transistores en vez de válvulas. El transistor es la base de toda la electrónica actual, y ha hecho posible iniciar los proyectos espaciales, ha revolucionado las técnicas médicas de análisis y ha permitido crear la sociedad tecnológica de la comunicación.

Pero la miniaturización alcanzada no era suficiente para avanzar estratégicamente.

Fue necesaria la idea lanzada por el físico teórico Richard Feynman, que inició una conferencia diciendo que quería saber cómo mover átomos y formar configuraciones distintas con ellos y formuló un propósito: escribir con átomos.

Casi medio siglo después, el sueño de Feynman se está haciendo realidad. En el año 2002, los laboratorios de investigación de IBM, en Zürich, Suiza, dieron a conocer el proyecto Millipede (Milpies), una memoria gigantesca que almacena el equivalente de 25 DVDs en una superficie equivalente a la de un sello postal.
En 1982, Gerd Binning y Heinrich Rohrer (Premio Nobel 1986), descubrieron el microscopio de efecto túnel.

El descubrimiento consistía en que, al aplicar una diferencia de potencial minúsculo, de milivoltios, entre una punta de dimensiones atómicas y una superficie, se detectaba la existencia de una minúscula corriente eléctrica túnel (de nanoamperios), no permitida clásicamente, pero sí cuánticamente.

Lo interesante es que al analizar la corriente, cuando la punta se movía en campo cercano, es decir, a una distancia equivalente a sólo dos o tres átomos de la superficie y paralelamente a la misma, se podían detectar, “palpar”, los átomos de esa superficie en forma de entidades singulares independientes. Tras el microscopio de efecto túnel, basándose en el mismo principio, se desarrollaron otros instrumentos con una característica común: la de trabajar en el rango de precisión nanométrico.

A comienzos de la década de 1980, Eric Drexler, estudiante del MIT insinuó la posibilidad de crear sistemas de ingeniería a nivel molecular. En 1986 publicó su libro Los motores de la creación, aún hoy un clásico de este nuevo mundo. Su tesis definitiva es que si se toman prestadas ideas de la naturaleza y se cuenta con capacidades generadas por el avance de la ciencia, sería posible construir máquinas que podrían influir sobre el orden de los átomos, de manera tan precisa como para emular el proceso de creación.